Interior


 

Una vez ingresados en el templo, quedamos sorprendidos por su monumentalidad, pues pocos en Madrid le aventajan en “armonía de líneas, espaciosidad y bella disposición de planta”.

El interior de la iglesia es lo que verdaderamente la hace ser una de las primeras de Madrid, y que Baena la califica de “magnífica”; Ponz, “de buena planta” (Viaje de España de 1776); Madoz de “suntuosa”; “espaciosa”, según Quadrado; “grandiosa”, según Amador de los Ríos; “hermosa”, al decir de Mesonero Romanos; y “pintoresca y hermosa”, según O. Schubert. Ferrándiz en un artículo escrito en la Revista de la Biblioteca, archivo y museo (julio de 1924) indica que esta iglesia se construyó con ladrillo y pobremente revestida de blanco.

Interior de la Iglesia – Foto de P. San Millán y San Cayetano

Interio de la Iglesia – Foto de P. San Millán y San Cayetano

Presenta una aparente cruz griega, con cuatro capillas cuadradas en los ángulos cubiertos con pequeñas cúpulas ochavadas sobre pechinas decoradas con grandes molduras y cabezas de ángeles.

Cuatro gruesos pilares, divididos en dos en cada cara, de modo que lo hacen aparecer como un haz de cuatro cada uno, parten la iglesia en tres naves y sostienen una cúpula central, constituida por un tambor cilíndrico, el cuerpo cóncavo y una linterna; interiormente el anillo de esta cúpula, verdaderamente grandiosa, está circundado por una baranda. Alrededor de la cúpula central se elevan otras cuatro pequeñas en disposición verdaderamente simétrica, y que nacen, sin intermedio del tambor, de un anillo octogonal, de modo que la cúpula se sustituye por ocho sectores esféricos, rematando en su correspondiente linternín.

Los cuatro arcos semicirculares que contienen la cúpula central dan lugar a otras tantas pechinas de forma elegantísimas. Estas estuvieron pintadas al fresco por Luis Gónzalez Velázquez en las que representó a los cuatro santos teatinos: San Cayetano, San Andrés Avelino, y los beatos Juan Marinoni y José María Tomassi.

 

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Interior cúpula – Foto de Wikimedia

Las pilastras descansan en pedestales gigantescos de cerca de un metro de alto, y se hayan coronada por capiteles con adornos “impropios de la severidad clásica”; por las volutas estos capiteles son jónicos; pero entre cada par de ellas penden una guirnalda de frutas: granadas, uvas, manzanas, limones y alcachofas, mezclados con hojas de acanto; una ancha cornisa, con nacelas recortadísimas, corre a lo largo de toda la iglesia. En el arranque de los arcos, en los ángulos del polígono de las cúpulas menores y en la de la cúpula grande, por parejas, unas grandiosas cabecitas de ángeles hacen el oficio como de repisas. En la clave de los arcos y en las albanegas, motivos de enrevesada hojarasca.

Detalle de las pilastras – Foto de P. San Millán y San Cayetano

Detalle de los medallones – Foto de P. San Millán y San Cayetano

 

Detalle de las pilastras – Foto de P. San Millán y San Cayetano

Detalle de las pilastras – Foto de P. San Millán y San Cayetano

La tribuna del coro avanza hacia la iglesia en una elegante curva.

Se sitúa a los pies de la iglesia y encima un óculo ovalado con decoración.

Coro – Foto de P. San Millán y San Cayetano

Ribera sitúa a los extremos de las naves laterales dos capillas de planta cuadrada cubiertas con cúpula y linterna. Ambas se entrelazan mediante las capillas laterales que se abren en arcos de medio punto, pero cobijadas dentro de un gran arco elíptico o carpanel, que dejan así, a uno y otro lado de las capillas, sitios para otros dos altares.

En el centro de las capillas laterales se crea un espacio semicircular cubierto con óculo. Así contrasta los espacios y volúmenes y va colocando puntos de luz a lo largo de toda la iglesia, en diferentes direcciones.

El poco espacio de techo que dejan las cinco cúpulas está cubierto por una bóveda semicilíndrica con complicada lacería.

Nave Lateral – Foto de P. San Millán y San Cayetano

“La alta y tranquila luz de la nave principal –explica Otto Schubert, Historia del barroco en España -, combinada con la fuerte iluminación de las cinco cúpulas, determina el efecto de espaciosidad extraordinariamente pintoresca y armónica”. En efecto, lo que primero llama la atención al entrar en este templo es su gran claridad, elemento que suele faltar en casi todos los recintos sagrados.

Debido a su buena acústica fue Capilla Real de Conciertos. Debido a lo cual hoy está muy solicitada para la realización de Eventos musicales.

El interior perdió la práctica totalidad de las obras de arte que conservaba en el incendio de la Guerra Civil, incluyendo el retablo mayor, también se destruyeron as torres chapiteles originales.

El retablo actual, realizado por Manuel Paradela Segade, imita modelos barrocos, con copias de cuadros famosos del Museo del Prado. La desnudez decorativa resalta la calidad de los detalles (ménsulas, pilastras, cornisas), y el enlucido claro dota al interior de una intensa luminosidad.

En una de las capillas, bajo una sencilla lápida, se encuentra la sepultura de Pedro de Ribera, el arquitecto principal del edificio, que vivía en la casa frontera con la iglesia y fue feligrés de la misma toda su vida.


Observación: Bibliografía la página “Parroquia”, “Templo” del portal.