Tumba de Pedro de Ribera


 

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Tumba Pedro de Ribera – Foto de P. Millán y San Cayetano

A los pies de la capilla del Rocío se encuentra la sencilla tumba de Pedro de Ribera, el arquitecto principal del edificio, que vivía en la casa frontera con la Iglesia y fue feligrés de la misma toda su vida.

 

Pedro de Ribera

Cuando se hace con las obras de la iglesia, en 1722, ya era un artista muy conocido y popular en Madrid, logrando fama en los trabajos que le había encargado el alcalde de la Villa, el Marqués de Vadillo (como el paseo de Virgen del Puerto y la ermita del mismo nombre, el puente de Toledo, la iglesia de Montserrat o diversos palacios y fuentes en Madrid). En esta zona vivía nuestro artista más castizo junto a su segunda mujer, Juana Úrsula Voitrui, con quien se había casado en 1711. Era tal su buen hacer y dominaba tantos aspectos, no sólo arquitectónicos, sino escultóricos o de diseño urbanístico, que, en 1726, obtuvo el cargo de “Maestro Mayor de Obras y Fuentes de la Villa y de sus viajes de agua”. Se la dedicó a sus dos hijos que habían ingresado en la orden Teatina. Cuentan que al querer otorgar testamento y dividir su fortuna entre sus hijos, como los Teatinos sólo vivían de limosnas y no admitían dinero en herencias, les dijo que a ellos les dejaría su herencia en piedra. Y, así fue, les legó la majestuosidad de San Cayetano.
Algo más que su impronta creativa quedó encerrada entre los muros del convento de los Teatinos: allí fueron enterrados sus padres y su hermana Matea, allí tomaron los hábitos tres de sus hijos, allí fue sepultado su cuerpo y el de sus dos últimas esposas. A su vera había nacido en la calle del Oso, a su vera había construido su calle principal, y a su vera quiso descansar eternamente al fallecer a los 61 años, el 19 de octubre de 1742. Los Teatinos estuvieron tan vinculados a su vida, que al primero de sus hijos lo nombré Andrés Avelino, y al otro le dio el nombre de Juan José Cayetano.